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Musas de Leiko
Escrito por: clubsanpelayo | jueves 8 de noviembre de 2007, 23:32
Este espacio es para comentar todo lo que queráis sobre el concurso literario
Comentarios
jueves 8 de noviembre de 2007, 23:44 / Escrito por: clubsanpelayo
Bases:
Podrán participar todos y únicamente los socios del Club San Pelayo. Los trabajos serán de estilo libre y no tendrán extensión mínima ni máxima. Se podrá presentar más de una creación por autor. Los escritos habrán de empezar con la proposición: Bajaba por el Bustio… Es necesario titular la obra. Las obras se harán llegar mediante e-mail a clubsanpelayo@liegos.com, mediante correo tradicional a: Club San Pelayo, 24994, Liegos, o en mano a Pila González, Juan Antonio Gil o Claudio Lario. El plazo para hacer llegar los textos será desde el 1 de noviembre de 2007 hasta el verano de 2009. El premio se fallará una vez se cierre el plazo de recepción. El ganador se elegirá teniendo en cuenta los siguientes criterios: un 30% de la puntuación total, lo comprenderán los votos que lleguen a través de la página web liegos.com; otro 30%, lo otorgarán los responsables del concurso, y el 40% restante, mediante un jurado independiente. Las obras serán anónimas y se votará por su título, sólo la organización conocerá la identidad de los autores. La asociación cultural y deportiva “Club San Pelayo” se reserva los derechos de utilización de los trabajos presentados, siempre haciendo mención al autor del mismo. Cualquier caso no contemplado en estas bases será resuelto por los responsables del concurso a través de la web:liegos.com La participación en el presente concurso supone la íntegra aceptación de las bases del mismo.
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miércoles 16 de enero de 2008, 17:38 / Escrito por: clubsanpelayo
Hola a todos.
Por fin nos ha llegado el primer relato para el concurso literario. Se titula "Los recuerdos de Aliomo el Cántabro", y el/la autor/a quiere mantenerse en el anonimato, así que firma con el pseudónimo de "Carabiella". Aquí lo transcribimos, y a ver si os vais animando.
Bajaba por el Bustio una niebla de cristales brillantes de hielo. No iba a nevar más porque el frío extremo congelaba la humedad. Era otro invierno mortal y normal en aquellas montañas olvidadas del Dios cristiano, y castigadas por los Dioses antiguos.
Aliomo, un hombre sobrio en general, miraba el cielo blanco sobre las peñas y era recorrido por un sentimiento de profunda nostalgia por nada en especial, y por todo en general. Una pena que sentía incrustada en el espíritu de vez en cuando.
Sentado en aquel peñón, desde el que veía todo el castro de Liegos, con sus murallas caídas casi al completo, y gran parte de los otros castros del Valle, llegaban a su mente recuerdos como caía al suelo el agua de la Canalina. Y en la lluvia de ideas podía verse a sí mismo de niño pastoreando un atajo de chivos y cabras. Jugando y trabajando. El trasiego de los meses de calor acarreando hierba con la pareja, y lo bien que huele el verano en todo el Valle Ancho. Y cuando, ya mozo, pasó tres años de aprendizaje en el Ejército Cántabro Regular, en la renombrada Caballería Impetuosa Cántabra.
Aliomo, un hombre fuerte y corpulento, como tantos por aquellas tierras, casi daba un repaso a su vida desde la atalaya de piedra y sentía cierta pena, como otras veces en esas fechas. Recordó el clima generoso y plácido del sur de cuando fue contratado como mercenario por el Gran Ejercito Mediterráneo. Y también vino a su mente el alarido de los guerreros de piel oscura al caer bajo los golpes de su fuerte espada y los cascos furiosos de su caballo. Pero se cansó de matar negros en aquella Guerra Bética que ni le iba ni le venía, y regresó a la paz de sus Montañas. Hacía ya muchos años que nadie se mostraba interesado en conquistarlas o en explotar sus escasos recursos. La vieja Cantabria se había convertido en un lugar de tranquilidad exasperante. Aliomo se acurrucó en su larga capa de lana negra, mientras sus ojos abiertos no se fijaban ya en el paisaje helado, porque su cabeza evocaba el pasado. Su abuelo, que la tierra le sea leve, le había contado cosas de antes. De cuando la Guerra Cántabra. Cuando se fortificó Liegos. Cuando el Gran Ejército Mediterráneo quiso imponer su dominio a las montañas, y todas las aldeas, castros y ciudades montañesas se unieron en un Consejo de Tribus, instituyendo un bravo ejército que contraatacó y venció a los invasores expulsándolos a tierras llanas, y estableciendo las fronteras del actual País Cántabro.
Aliomo quisiera haber vivido aquel tiempo donde las personas tenían una meta en sus vidas, algo por lo que luchar tan claro y palpable como un enemigo que quiere quemar tu casa, comerse tus animales, y violar a tus mujeres. Eso hace que reaccione hasta el más pasivo. Aliomo buceaba en su mente para rescatar en ella cuando su padre, el herrero, le cedió la mitad de su heredad en el día de su boda. Y cómo su esposa moría en otro invierno crudo. Se durmió para siempre en el lecho, envenenada por unas aguas malas que bebió en el monte.
Aliomo pedía a los dioses la solución que hiciese que la mortecina soledad que inunda las calles de Liegos en invierno se convirtiese en una risa de niños, o en un acostumbrarse a ver gente por la calle, o en una parlotada a la antigua usanza en la plaza... Y no aquel jodido invierno que cada año se hacía más duro. Ya sólo quedaban cuatro gatos, casi todos viejos.
Varias décadas antes del enfrentamiento con los mediterráneos de su abuelo, había ocurrido un gran desastre. La llamada Tercera Guerra duró poco, dicen que lo que se tarda en apretar un par de botones, arrasando grandes civilizaciones, continentes enteros, y mermando la población del mundo a una diez milésima parte. La gente se refugió en las Montañas de Cantabria durante generaciones, pero acabó por abandonarlas poco a poco ya que la tierra se estaba quedando escosa. Las vacas empezaron a morir por falta de hierba, y porque muchas fuentes se envenenaron. Los bosques enfermaron de muerte. Los Cántabros ya no sabían quiénes eran y vivían en ciudades Mediterráneas donde nadie conoce a nadie. Alguno volvía para morir a la fría sombra de la Peña la Cruz, con el único ánimo de que lo que le quedase de vida no fuese demasiado como para llegar a arrepentirse de haber vuelto.
Aliomo creía que los que como él resistían en Liegos a base de cada vez menos recursos, veían invierno a invierno cómo se acercaba la miseria que los acabaría devorando, si es que no había empezado ya a encogerles el alma y, como si de una maldición antigua se tratase, a paralizarles ante lo inevitable. Aliomo agarraba su fría lanza con fuerza y rabia. Sentía que nada debía de ser así antes del desastre nuclear. Todo debió ser muy distinto en aquella era de esplendor en la que los carros no necesitaban de animales para andar, y los barcos que surcaban el mar eran como ciudades inmensas, y los hombres volaban en grandes pájaros de acero, y mandaron naves más allá del sol y la luna. Seguro que el invierno de Liegos era muy distinto en aquella época. Sin duda estaba lleno de vida y de alegría. Quién pudiera verlo por un agujerín. Aliomo ya no sentía los pies. Pensó que debería taparse un poco más con la capa. Se recostó contra la peña blanca. Sólo un momento, pensó. Y los párpados se le entrecerraban a causa de un sueño muy dulce que se apoderaba de él. La niebla que había bajado por el Bustio helaba todo a su paso.
sábado 31 de enero de 2009, 16:28 / Escrito por: saralario
Felicito a la persona que lo ha escrito, es un relato que trasmiste nostalgia y un poco de tristeza pero eres capaz de imaginarte a esa persona hablando.
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Pues aquí va el segundo relato. A ver si la cosa se anima, que el plazo se amplía hasta nuevo aviso, como se acordó en la asamblea general ordinaria de esta Semana Santa.
Título: "Instantánea desde el alto del Pando: Valles de la Montaña Oriental Leonesa"
Autor: "el Trueno de Vadinia", aunque el autor dice que el pseudónimo no le va a valer de nada.
Bajaba por el Bustio una nube blanca suave y lentamente; y en su silencioso avance tapaba los ojos y la boca de los montañeses con su lechosa consistencia; y ocupándolo todo, paralizaba los impulsos de los músculos y las mentes, como una madre en su regazo cobija con un abrazo desgarrador los cuerpos de sus niños.
Bajaba por el Bustio un río de lágrimas que hacía escocer los ojos como el fuego al crepitar la sal entre las peñas, alzando vapores cáusticos:
Lloraba la Tierra de los Montañeses al ver a sus hijos muertos.
sábado 31 de enero de 2009, 16:41 / Escrito por: saralario
Es un relato impactante, claro y conciso, felicidades al trueno de vadinia
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El tercer relato.
Título: "Amores de verano"
Autor: Pseudónimo. "La Pera Conferencia"
Amores de Verano
Bajaba por el Bustio como llevaba haciendo desde que la primavera deshizo las últimas nieves invernales, dando paso al estallido de olores y colores que según decían los ancianos, desataba las más bajas pasiones y alteraba las hormonas.
Y así se sentía ella, corriendo por las praderas de vuelta a casa con sus amigos tras disfrutar de uno de los últimos días que podrían disfrutar antes de que comenzara de nuevo el mal tiempo y se tuvieran que quedar en casa.
Pero aquella tarde era distinta de las demás.¿Por que la había ignorado?,¿Qué había ocurrido? Estuvo toda la tarde junto a ella y ni siquiera la había mirado, ella sabía que su amor era secreto, pero aquella indiferencia resultaba demasiado cruel.
No hacia más que recordar el día que por casualidad lo conoció:
Fue un Domingo a principios de verano cuando desobedeciendo, se acercó hasta aquel misterioso lugar donde los vecinos se reunían, era un lugar prohibido, siempre le habían dicho que aquel no era lugar para ella, era demasiado tonta. ¿Que sabrían ellos?
Nadie se fijo en ella aquel día. Se asomó por la ventana y allí estaba él, de pie, con aquellas prendas que le distinguían del resto, narrando una hermosa parábola, la mas bonita que había escuchado en toda su vida, se enamoro de él para siempre. Cual seria su sorpresa cuando a la salida de la reunión sus miradas se cruzaron, la había visto,¡sabia que existía!
Los días se hacían eternos, no comía, no dormía, no cumplía con sus obligaciones, su único interés era esperar al próximo Domingo para volver a verle, pero la suerte se puso de su lado y sin saber muy bien el porque, a mediados de agosto el pueblo se reunió de nuevo, ni siquiera era Domingo, pero a ella no le importaba solo quería estar a su lado.
Aun le tiemblan las patas al recordar el día más feliz de su vida. Aquella noche después de las celebraciones y seguramente motivado por el alcohol, a juzgar por su aliento, su amor se coló sigilosamente en su casa y sin mas contemplaciones la poseyó, una y otra vez, hasta que el alba le obligo a huir por miedo a represalias.
¿Por qué ahora no quería saber nada de ella? ¿Era esto a lo que se referían las personas cuando decían que el amor era pasajero? ¿Que los hombres no tenían corazón?
Lo había descubierto de la peor forma posible, abandonada, utilizada, humillada y lo peor de todo enamorada: nunca volvería a ser la misma vaca.
Fin.
La Pera Conferencia
sábado 31 de enero de 2009, 16:50 / Escrito por: saralario
El final es perfecto, únacamente un palabra cambia todo el sentido del relato, de ser triste a ser de humor. Que ingenio!!
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Título: La fuerza de los recuerdos
Autor: Pseudónimo, Lucrecia.
La fuerza de los recuerdos
Bajaba por el Bustio: venía de un pueblo cercano desde dónde había subido al repetidor explorando caminos sin saber a ciencia cierta que verían mis ojos y cuanto aguantarían mis fuerzas.
Cuando me acerqué al repetidor donde no había estado nunca, la emoción me embargó; mis ojos divisaron varios pueblos, pero me quedé entusiasmada gritando cuando vi Liegos desde esa altura. Gritaba el nombre de las personas que me acompañaban, mientras ellas se reían. Yo solo decía: “Se ve Liegos, se ve Liegos, se ve Liegos”.
En ese momento, por la mañana, con el sol saliente veía el pueblo más bonito del mundo, el paisaje más bonito y mi imaginación comenzó a caminar más deprisa que mis piernas.
Ricacabiello, rico y bello, confundía la belleza, la riqueza, los arándanos, el chozo de las merinas. Todo se entremezclaba y se apelotonaba en mi cabeza. Tuve que reemprender mis pasos y mandar parar un poco a la imaginación para ordenar las ideas.
Bajé a los canalizos con la ilusión de coger arándonos, y después de llenar la cuerna sentarme con los demás para comer la tortilla al lado del chozo. Arándanos… la verdad no había casi ninguno, aunque era Agosto; la cuerna entera, no, no es posible, ¡qué más da media cuerna o un cuarto!, es lo mismo. Con lo que había contemplado ya era suficiente para compensarme.
Comimos la tortilla, la más rica que había saboreado nunca; acompañados por el sol, el aire puro, y el paisaje que no dejaba de admirar como si fuera la primera vez que lo veía. ¡Era tan grande, tan bonito todo!. Realmente la fantasía todo lo puede multiplicar y más si te hace feliz.
Seguimos bajando. De pronto unos cuanto ratones empezaron a caer del cielo. Ya no podía con más emociones; los ratones no me gustan mucho, pero en ese momento todo era mágico, estaba tan ensimismada que no oí la avioneta que los echaba para seguir cuidando la cadena alimentaria. Las risas de los acompañantes aumentaban; ¿pero no has oído la avioneta?. Yo no escuchaba ni a la avioneta ni a ellos. ¿Por qué iban a interrumpir mi momento de dicha….?. Me negué. Continuamos caminando, corrí hacia la fuente de las Ácoras, parada obligada para beber agua y entre las hayas refrescarme del calor que el sol y el camino me habían regalado. Allí esperé a los demás, algunos pensarían que estaba loca, ¿a qué venía tanta euforia?; claro no eran de Liegos, por lo tanto no habían vivido su ausencia durante grandes etapas de cada año. Era mi reencuentro, no el de ellos.
Salimos al Bustio, yo veía la vecera de los corderos, la Arbanada con los bellotanos, la Peña de la Ropa, Las Canales; el campo cubierto de hierba verde, las cabras y las vacas pastando.
Me senté para oír el ruido de los cencerros en ese silencio que gratifica el alma, ¿cencerros?, sólo los oía yo. He comprobado muchas veces que no sabemos escuchar el silencio de la quietud, en esta época, que hasta en los pueblos, y en mi pueblo, las prisas, los agobios, la poca práctica de escuchar al vecino o al mismo silencio nos deshumaniza un poco. Ese día, en ese jardín, en el que sentada como reina y señora, pude volver a construir en la tierra el cuadro para jugar a tres en raya, el picalbo, dejar la fardela con la merienda e ir a coger unos bellotanos…de repente me hizo recordar una anécdota que de niñas nos ocurrió con la fardela, con la merienda, la chaqueta y una poesía que una de nosotras teníamos que aprender para recitarla en un acontecimiento puntual que ocurría en Liegos. La maestra nos la llevó al Bustio para que la persona indicada la aprendiera rápido. Ante los bellotanos y las risas olvidamos el poema junto a los demás enseres. Fuimos al monte, comimos bellotanos y bajamos jadeantes y alegres. Cual no fue nuestra sorpresa y disgusto cuando llegamos donde la merienda y … la vaca que una de nosotras tenía que cuidar se había zampado todo, chaqueta, fardela, merienda, y lo más grave, la poesía de la cual no había copia porque el poeta que la había hecho ese mismo día no había tenido tiempo de manuscribirla por segunda vez. ¡Era tal la urgencia de aprenderla!. ¡Dios mío!, ¿cómo llegar al pueblo y decir a nuestras madres que por abandonar la obligación e irnos al monte nos habíamos quedado sin las cosas?, ¿cómo decirle a la maestra lo que nos había ocurrido?. Imposible. Era tal el llanto que teníamos, que un padre se compadeció y fue a decírselo. En seguida desapareció nuestra preocupación y volvimos a los juegos una vez resuelto el problema. Así son los niños.
Y así me sentí yo ese día que fui capaz de recuperar ese niño que llevamos dentro y que con frecuencia no le permitimos salir para ser más adultos. Nosotros nos lo perdemos por no dejar aflorar a nuestra vida esos tiempos de felicidad.
Ahora que está tan de moda hablar de la memoria histórica, con esté pequeño relato surge en mi mente una época de la memoria histórica que muchos hemos vivido en Liegos.
Al entrar en el pueblo, al entrar por la Cortina Arada desapareció el hechizo, pero nadie me quita ese día de cuento y realidad que viví.
Lucrecia.
sábado 31 de enero de 2009, 17:03 / Escrito por: saralario
ME gusta la mezcla de nostalgia con el punto de humor de su historia.
lunes 6 de abril de 2009, 18:40 / Escrito por: <Anónimo>
ME ENCANTA!!
lunes 6 de abril de 2009, 18:40 / Escrito por: <Anónimo>
ME ENCANTA!!
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viernes 24 de octubre de 2008, 03:15 / Escrito por: webmaster
Título: Afortunada Inmortal.
Autor: Pseudónimo, Témpora
AFORTUNADA INMORTAL
Bajaba por el Bustio y, descansando en el regazo de tus hojas secas, te contemplé una vez más, a ti ser inmortal, intentando reprimir la rabia de quién nunca te podrá igualar.
Inútil detener mi caminar hacia la sombría senda a la que la vida sin remedio me ha de llevar, más tú permanecerás en tu alto pedestal, eternamente bella y joven, y siempre le tendrás. Sí, a él, galán como ninguno, que estoico ha sabido soportar el devenir de los tiempos. Gentil y piadoso con quienes a su lado la vida entera han querido pasar.
Mas, larga vida a su lado os deseo, dama invencible, sólo jura que nunca le dejarás morir, que siempre protegerás a aquel que, los antiguos, lugar de hielo quisieron llamar.
Témpora
sábado 31 de enero de 2009, 17:07 / Escrito por: saralario
Es un poema precioso
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sábado 31 de enero de 2009, 17:08 / Escrito por: saralario
Felicito a todos los participantes, he quedado muy sorprendida de la calidad de los relatos parecen escritos por verdaderos profesionales, espero que se anime más gente.
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